Octubre 21, 2009 por Garrido
Sin ser experto en ingeniería del tránsito creo que la intersección de la avenida 41 y calle 58 en el municipio de Playa necesita una regulación semaforizada.
Y explico por que.
Cuando el semáforo existente en 60 no permitía continuar por 41 libremente por la senda derecha, ya la necesidad de controlar el tránsito en 58 era una demanda latente desde hacía mucho tiempo. El flujo continuo de vehículos y personas, siempre ha sido una constante allí, pero imaginen ahora que todos los medios de transporte que circulan de Marianao al Vedado por la avenida 41 no tienen pausa desde “La Ceguera” hasta 41 y 44, toda vez que en 60 la derecha es ahora libre y la circulación no se detiene nunca por esa senda.
Otras razones se justifican con la existencia de varios centros comerciales y de servicios a la población como son la panadería, el conocido Fruti-Cuba, los kioscos de TRD o la oficina de cambios y cobros de CADECA, tan visitada regularmente por personas de avanzada edad.
Pero para mi la preocupación mayor radica en el constante cruce de pioneros de diferentes edades, que en las primeras horas de la mañana y al final de la tarde tienen que sortear el indetenible obstáculo que representa el constante movimiento de vehículos por el lugar.
En no pocas ocasiones he visto como corren y se detienen en el centro de la doble vía, con el riesgo que implica permanecer en esa zona insegura, para luego ver como rebasan la otra orilla.
Y no quiero dejar a un lado lo que significa también para los conductores que vienen por 58 y necesitan incorporarse a 41 o los que vienen por esta última y pretenden girar a la izquierda en la primera. Es casi una simulación de pases de muleta del mejor toreo, lo que con toros distintos que le pueden complicarle la vida al mejor de los “mataores” en esa faena.
Ahora que vemos aparecer, para bien en muchos sitios, los nuevos semáforos digitales, apelo a que al menos se analice esta especial circunstancia que aprecio a diario en 41 y 58, convencido de que MÁS VALE PRECAVER QUE TENER QUE LAMENTAR.
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Octubre 19, 2009 por Garrido
Sin justificación válida alguna, veo en decenas de lugares la huella de la chapucería. Terminan de hacer un trabajo los compañeros de la Empresa Eléctrica o los de ETECSA y ahí se quedan colgando los pedazos de cables inactivos, sin ser totalmente retirados del poste. Calan y extraen de los tragantes los compañeros de alcantarillados metros de basura, tierra y desechos sólidos y ahí mismo se quedan, paradójicamente al lado del hueco de donde salieron, porque son otros los que deben recogerlos. Se hace una instalación para el suministro de gas o de agua en un barrio y los que pican la calle, no son los mismos que luego deben repararla y vemos cientos y cientos de pequeños canales, zanjas, o cuando menos baches que serpentean las vias de un lado a otro y que además se traducen en daños directos a todo lo que ruede o transite por encima de ellos, sean bicicletas, motos, autos o personas a pie.
Algunos vecinos, con la mejor de las intenciones tratan de hacer algo y los cubren con piedras, recebo, y cualquier material que pueda mitigar el obstáculo, pero hasta ahí. Más no pueden hacer.
Otros inconvenientes resultan los grandes tragantes con brocales en hierro fundido que una vez tuvieron sus tapas y ya no la tienen. Son verdaderas trampas en medio de cualquier acera, especialmente para personas de avanzada edad, niños pequeños o para quienes padecen de alguna discapacidad visual. ¿No hay más tapas como esas? ¿Ya no se pueden hacer? ¿A dónde fueron a parar? ¿Quién se responsabiliza con eso? ¿Hay que esperar a que ocurran varios accidentes para darnos cuenta de su peligro potencial? ¿No debe existir alguna solución a nivel de cada barrio o municipio? Creo sinceramente que si.
Y se que, cuando se explica justificadamente que no hay tal o más cual recurso, se entiende. Pero la chapucería, chapucería es y esa no tiene explicación alguna.
La frase que titula este comentario es de la herencia que me dejó el viejo y que la expresaba firmemente convencido cuando alguien trataba de justificar lo mal hecho con el argumento de:…..es que no hay esto, o no hay lo otro o falta tal herramienta. Y ahí, en esos casos, era cuando -entiéndase por sus decenas de similares: voluntad, vergüenza, consideración, deseos de ayudar, respeto, corazón- él respondía: “Lo que no hay es “gandinga.”
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Agosto 18, 2009 por Garrido
Para que crezca el respeto. Por Félix Fernando Garrido.
Que bueno ver en la televisión con oportuna frecuencia, los atinados mensajes que promueven el respeto que todos nos debemos: evitar los escándalos, dirigirse correctamente a otra persona, ser amable y solidario, no estar sin camisa en lugares públicos, evadir las palabras obscenas, en fin, son muchos los ejemplos. Pero esas actitudes, en negativo, son consecuencias de no pocas causas.
En primer lugar, la familia. ¿Cómo hablamos con los nuestros, los de casa, con los hijos, con los padres, con los abuelos? ¿A gritos? ¿Cuántas palabras de mal gusto proferimos a diario? ¿Y quienes nos oyen y nos copian, los niños? Ahí está una primera causa. Esos serán luego jóvenes, adolescentes y adultos faltos de respeto.
Lamentablemente no han tenido un modelo adecuado. Y no es que haya que formar autómatas silenciosos y faltos de brios e iniciativas, no. No se trata de eso.
El problema es encausar debidamente esa energía y enriquecer con prudencia y amor los incidentes familiares, muchas veces inevitables, en los que todos alguna vez nos hemos visto involucrados.
En segundo lugar, la escuela. Allí deben consolidarse los valores que nacen en el hogar. ¿Y siempre esto se logra? Sabemos que no. Porque aun cuando el maestro no sea uno más de los que padecen el mal que necesitamos desterrar, el ámbito de influencia es mayor y se hace necesario el vínculo escuela-familia. No para reclamarse o inculparse de lo que haga o deshaga la niña o el niño, sino para complementarse en el proceso de su educación.
Y en tercer lugar, nosotros, tu y yo, la sociedad. Y es incalculable como incide en las malas conductas la reprobación social. ¡Que valor tiene el buen ejemplo!
¡Que efecto más positivo produce enseñar haciendo!
Me contaba un amigo, que una tarde al concluir la jornada laboral cuando regresaba a su casa, pasaba frente a un nutrido grupo de muchachos que jugaban próximos a la acera y él los saludó afectuosamente, pero nadie respondió. Solo unos pocos levantaron la vista y lo miraron un tanto extrañados. Me explica que la edad promedio sería unos 9 o 10 años. Al día siguiente, mi amigo volvió a repetir ese gesto amable y les dijo:..”Buenas tardes muchachos”…Otra vez el silencio por respuesta, pero ahora absolutamente todos lo miraron sorprendidos.
Y así a los pocos días, al repetirse la escena, se escucharon una o dos vocecitas muy trémulas que le respondieron: “Buenas tardes” y siguieron jugando.
Pues para no hacer larga la historia, como proponen los cuenteros, dice mi amigo que hoy día antes que él llegue al lugar exacto donde juegan sus pequeños vecinos, lo llena de regocijo escuchar como un polifónico saludo infantil: “Buenas tardes” – a lo que él responde de igual forma, pero añadiéndole una franca sonrisa.
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